Todo empezó con una valija. Iba casa por casa, oficina por oficina, donde me dijeran, llevándoles perfumes a mis clientas. Era yo, mi valija y unas ganas enormes de que cada una se llevara algo que la hiciera sentir bien. Sin darme cuenta, esas clientas se fueron volviendo parte de mi historia.
De ahí salió mi primer local, en la calle Mitre, y con los años me mudé a donde estoy hoy, en Yrigoyen 220. Son diecinueve años, y todavía me emociona ver entrar a alguien por la puerta.
Porque para mí esto nunca fue despachar perfumes. Es recibirte, escucharte, encontrar eso que andás buscando (a veces hasta antes de que vos lo sepas) y mimarte un poco en el camino. Me gusta traer lo que todavía no se consigue acá, lo distinto, lo que no vas a encontrar en cualquier lado.
